Iniciación sexual

Diferencias entre la iniciación masculina y femenina.

La iniciación sexual adolescente constituye un tema de interés permanente para la Psicología desde su misma fundación. Pero es, sin lugar a dudas, en la década de los 90 y siguientes cuando se impulsa de manera especial la investigación en comportamiento sexual adolescente. Al menos dos grandes factores sociales promueven este interés por comprender mejor una dimensión del comportamiento humano absolutamente normal, natural y necesario como es la emergencia de la sexualidad en sus formas adultas: el impacto de la era Sida en Occidente y su efecto sobre la educación sexual, y el orden simbólico de la sexualidad, por un lado; y por otro, las transformaciones en los papeles sociales de los hombres y de las mujeres y los subsiguientes cambios en la esfera de la intimidad, de la familia y de las relaciones de parentesco.

Los datos de investigaciones sociológicas disponibles desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, describen la progresiva confluencia de género en la iniciación sexual, tanto en la edad de inicio, como en el tipo de pareja con quien se experimentan las primeras experiencias sexuales. Esta progresiva aproximación se viene realizando a través de una suerte de masculinización de la edad de inicio de las relaciones sexuales -la edad de inicio ha descendido en el caso de las chicas-, y de una feminización en los motivos y el tipo de relación de pareja en la que se inscribe el encuentro: los chicos se inician sexualmente cada vez más con personas a las que se consideran vinculadas afectivamente, de forma muy similar a las chicas.

A pesar de esta androgenización del comportamiento sexual adolescente, la sexualidad sigue siendo uno de los dominios que mayores diferencias por género presenta. El uso de sexo de consumo, la violencia sexual, la práctica de la masturbación, la homosexualidad, el número de parejas, son aspectos en los que todavía se mantienen grandes diferencias entre varones y mujeres.

Las investigaciones llevadas a cabo con adolescentes, que profundizan en el contexto relacional de la iniciación sexual, pareja, familia y grupo de iguales, observan también diferencias por género de gran interés. Por ejemplo, gracias a estos estudios sabemos que las familias de las chicas están más al tanto de la vida amorosa de la hija que del hijo varón, lo que facilita de alguna forma la estabilización de la relación, dándole formalidad y potenciando el compromiso. Sabemos que muchas chicas se inician sexualmente con chicos mayores que ellas, a quienes les une un sentimiento amoroso más intenso que el manifestado por los chicos de edad similar, a quienes les une una relación etiquetada bajo el mismo sustantivo. Y constatamos que la experiencia sexual no reporta el mismo valor a las chicas que a los chicos, en tanto que miembros de un grupo de pares.

Un trabajo recientemente presentado explora en este último contexto relacional, el grupo de pares, las semejanzas y diferencias por género en la relación entre iniciación sexual y grupo de iguales, exhibidas por un grupo de adolescentes. A través de un diseño transversal descriptivo, se entrevistó a una muestra de 505 adolescentes de ambos sexos acerca de su nivel de experiencia sexual y otras variables relativas a su vida con el grupo de iguales. La muestra fue clasificada en cinco estadios de iniciación sexual, en función del nivel de experiencia sexual referida: personas no iniciadas sexualmente, personas que han experimentado el beso pasional, personas con experiencia de petting suave, personas con experiencia de petting y personas que han experimentado relaciones coitales. Se analizaron los resultados poniendo en relación el grado de iniciación sexual y las variables de vida en grupo y comparando los resultados por género.

Los resultados confirmaron parcialmente la hipótesis de la confluencia de género en la iniciación sexual, y la importancia para ambos del grupo de amigos. Variables como el número de parejas en la pandilla, el consumo de alcohol, las horas de ocio y el grado de iniciación sexual de los amigos o amigas no dieron lugar a diferencias por género, y sí por estadio de iniciación sexual. No ocurrió lo mismo con las variables relativas a la capacidad de decisión y liderazgo en el grupo. En estos casos, los resultados revelan que en los varones de esta muestra la mayor experiencia sexual se acompaña de una mayor vida en grupo, mayor número de amigos y mayor liderazgo dentro del grupo, no siendo así en las chicas, quienes aminoran incluso su liderazgo en los estadios más avanzados.

Nuestra interpretación de los resultados, realizada en el contexto de los estudios de género y del papel de la sexualidad en la construcción de la identidad de género, gira en torno a la idea de que la iniciación sexual masculina no es únicamente una vía rápida y efectiva hacia el éxito y la popularidad entre los iguales – rémora patriarcal cuyo papel en los embarazos no deseados y los riesgos de la sexualidad en general en el colectivo adolescente y joven no debiera infravalorarse- sino además, que existe una estrecha vinculación, una identificación, entre vida en grupo y comportamiento sexual para los varones que no está presente en las mujeres adolescentes. Esta diferencia de género, vínculo entre sexualidad y grupo de amigos en los varones, podría tener importantes efectos en el ámbito de la sexualidad, y de modo más general, en el desarrollo socioemocional de las personas. Y posiblemente, explicar mejor que la mera apelación a las hormonas, las grandes diferencias de género que todavía, hoy, encontramos en este dominio del comportamiento humano.

* * *

Leyes educativas en nuestro país.

Durante la década del 90’ más de la mitad de las jurisdicciones en Argentina sancionaron leyes de Salud Reproductiva y procreación responsable, en las cuales se establece la creación de programas de asesoramiento, provisión de métodos anticonceptivos y cuidado de la salud sexual en general. Sin embargo, nunca se llegó a crear una articulación real con el ministerio y las secretarías de educación para cumplir eficazmente con dichos objetivos. Es por ello que existen dos proyectos, uno en la Ciudad de Buenos Aires y otro a nivel nacional que intentan dar cuenta de esa problemática y abrir un debate sobre la educación sexual.

El 30 de octubre de 2002 se sancionó la Ley Nacional Nº 25.673, que creó el Programa Nacional de Salud Reproductiva y Procreación Responsable. Algunos de los objetivos del programa son: prevenir embarazos no deseados, promover la salud sexual de los adolescentes, contribuir a la prevención y detección precoz de enfermedades de transmisión sexual y garantizar a toda la población el acceso a la información, orientación, métodos y prestaciones de servicios referidos a la salud sexual y a la procreación.

Sin embargo, muchos de estos objetivos no han sido alcanzados. Debido a esto, un grupo de organizaciones, entre las que se encuentran la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos (ACDH), la Confederación de Trabajadores/as de la Educación de la República Argentina (CTERA), Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), Instituto Social y Político de la Mujer (ISPM), Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y la Asociación por la Identidad Travestí-Transexual (ALLIT), presentaron en el Congreso de la Nación el Programa Nacional de Educación Sexual y Reproductiva.

El proyecto, que toma como base el presentado el año pasado por la ex diputada María José Lubertino, establece que “Todas las personas tienen derecho a recibir educación sexual en todos los establecimientos y programas educativos del país”, y tiene como objetivo central “concretar en los establecimientos educativos de todo el país los objetivos establecidos en el Art. 2 de la Ley 25.673, conforme a lo establecido en la Convención de los Derechos del Niño y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer”.

El Programa está destinado a los/as alumnos/as de todos los niveles educativos. Entre los ejes sobre los que se propone trabajar están: “los conceptos de sexo, género, orientación sexual e identidad de género, derechos sexuales y reproductivos, salud sexual y reproductiva, la prevención de la violencia de género, la morbimortalidad materno-infantil en Argentina, el embarazo adolescente, la prevención del embarazo no deseado y la prevención y detección precoz de enfermedades de transmisión sexual”, entre muchos otros.


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