Desarrollo biológico

Pubertad.

La menarquia es el primer episodio de sangrado vaginal de origen menstrual, o primera hemorragia menstrual de la mujer. Desde las perspectivas sociales, psicológicas y ginecológicas es frecuentemente considerado el evento central de la pubertad femenina, como la señal de la posibilidad de fertilidad. La oportunidad de la menarca está influenciada por factores genéticos y ambientales, especialmente lo nutricional y lo psicológico. El promedio de edad de la menarquia ha bajado en el último siglo, y su magnitud y los factores responsables siguen en discusión. En la actualidad, se produce hacia los 12 años.

En el caso de los varones, similar proceso se denomina espermarca y es el primer signo clínico externo de que se ha iniciado la función reproductiva. La espermarca suele presentarse a los 12 ± 1.5 años. Aproximadamente a los 12 años comienza el desarrollo de los túbulos o conductos seminíferos, que se hacen más gruesos; las células de Sertoli y de Leydig terminan su proceso de diferenciación y se inicia la espermatogénesis. Unos meses después, esto se hace evidente con la emisión de semen, cuando se presenta la primera eyaculación o polución o con la presencia de espermatozoides en orina.

La menarquia y la espermarca dan comienzo a la pubertad: éste es el proceso de cambios físicos en el cual el cuerpo de un niño se convierte en adulto, capaz de la reproducción sexual. El crecimiento se acelera en la primera mitad de la pubertad, y alcanza su desarrollo al final. Las diferencias corporales entre niños y niñas antes de la pubertad son casi únicamente sus genitales. Durante la pubertad se notan diferencias más grandes en cuanto a tamaño, forma, composición y desarrollo funcional en muchas estructuras y sistemas del cuerpo. Las más obvias son las características sexuales secundarias. En sentido estricto, el término «pubertad» se refiere a los cambios corporales en la maduración sexual más que a los cambios psicosociales y culturales que esto conlleva.

Es decir, que desde el comienzo de la pubertad los individuos están biológicamente preparados para tener relaciones sexuales. Sin embargo, la sexualidad humana está caracterizada por su heterogeneidad y complejidad, y tiene componentes biológicos, sociales y psicológicos. La valoración y el juicio que sobre ella se hace dependen del contexto histórico y cultural en que se desarrolla. Sus fines y objetos se alejan de aquellos naturales y propios del mundo animal ya que la sexualidad del ser humano va mucho más allá de la reproducción y el coito; en su mayor parte, va dirigida hacia la obtención de placer y a la necesidad de relación, más que a una conducta reproductiva. Se encuentra desde la niñez hasta la edad adulta, significando un ámbito fundamental de realización y satisfacción para las personas en el encuentro con otras y consigo mismas.

Entre los factores que influyen en la conducta sexual se encuentran: el condicionamiento biológico, que viene definido por la dotación genética y hormonal que determina una configuración física y ciertos patrones de conducta; factores educacionales; factores culturales, principalmente los que tienen que ver con la moral y la religión; y factores psicológicos, que contienen todos los miedos, preocupaciones y tabúes relacionados con la sexualidad, aunque todos los estados psicológicos influyen en ésta.

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Tendencia secular.

En el último siglo surge una notable tendencia a una adolescencia más temprana, con una mayor aceleración en el crecimiento.

En los países desarrollados, como en algunos en vías de desarrollo, se ha ido acrecentando el tamaño corporal, llegando a la madurez en un período más corto de tiempo.

Este fenómeno recibe el nombre de “tendencia secular”. Los estudios realizados otorgan mayor peso a los factores ambientales y al mejoramiento de las condiciones nutricionales de los individuos que a diferencias genéticas. Entre las variables a destacar se encuentran la disminución de la morbilidad y el mayor acercamiento del personal de la salud a la comunidad. Asimismo, el rol que han jugado las migraciones poblacionales a las grandes ciudades, provocando la heterosis y un creciente grado de exogamia.

Los incrementos observados permiten evaluar no sólo cambios en la constitución corporal, sino también en la estructura de la personalidad.

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